domingo, 23 de septiembre de 2012



Eran ayer mis dolores  de ANTONIO MACHADO
    Eran ayer mis dolores
    Como gusanos de seda
    Que iban labrando capullos;
    Hoy son mariposas negras.
    ¡De cuántas flores amargas
    He sacado blanca cera!
    ¡Oh, tiempo en que mis pesares
    Trabajaba como abeja!
    Hoy son como avenas locas,
    O cizaña en sementera,
    Como tizón en espiga,
    Como carcoma en madera.
    ¡Oh, tiempo en que mis dolores
    Tenía lágrimas buenas,
    Y eran como agua de noria
    Que va regando una huerta!
    Hoy son agua de torrente
    Que arranca el limo a la tierra.
    Dolores que ayer hicieron
    De mi corazón colmena,
    Hoy tratan mi corazón
    Como a una muralla vieja:
    Quieren derribarlo, y pronto,
    Al golpe de la piqueta.


    Yo voy soñando caminos
      Yo voy soñando caminos
      De la tarde. ¡Las colinas
      Doradas, los verdes pinos,
      Las polvorientas encinas!
      ¿Adónde el camino irá?
      Yo voy cantando, viajero,
      A lo largo del sendero...
      -La tarde cayendo está-.
      En el corazón tenía
      La espina de una pasión;
      Logré arrancármela un día;
      Ya no siento el corazón.
      Y todo el campo un momento
      Se queda, mudo y sombrío,
      Meditando. Suena el viento
      En los álamos del río.
      La tarde más se oscurece;
      Y el camino se serpea
      Y débilmente blanquea,
      Se enturbia y desaparece.
      Mi cantar vuelve a plañir:
      Aguda espina dorada,
      Quién te volviera a sentir
      En el corazón clavada.



      Anoche cuando dormía
        Anoche cuando dormía
        Soñé, ¡bendita ilusión!,
        Que una fontana fluía
        Dentro de mi corazón.
        Di, ¿por qué acequia escondida,
        Agua, vienes hasta mí,
        Manantial de nueva vida
        De donde nunca bebí?
        Anoche cuando dormía
        Soñé, ¡bendita ilusión!,
        Que una colmena tenía
        Dentro de mi corazón;
        Y las doradas abejas
        Iban fabricando en él,
        Con las amarguras viejas
        Blanca cera y dulce miel.
        Anoche cuando dormía
        Soñé, ¡bendita ilusión!,
        Que un ardiente sol lucía
        Dentro de mi corazón.
        Era ardiente porque daba
        Calores de rojo hogar,
        Y era sol porque alumbraba
        Y porque hacía llorar.
        Anoche cuando dormía
        Soñé, ¡bendita ilusión!,
        Que era Dios lo que tenía
        Dentro de mi corazón.



        A un olmo seco
          Al olmo viejo, hendido por el rayo
          Y en su mitad podrido,
          Con las lluvias de abril y el sol de mayo,
          Algunas hojas verdes le han salido.
          ¡El olmo centenario en la colina
          Que lame el Duero! Un musgo amarillento
          Le mancha la corteza blanquecina
          Al tronco carcomido y polvoriento.
          No será, cual los álamos cantores
          Que guardan el camino y la ribera,
          Habitado de pardos ruiseñores.
          Ejército de hormigas en hilera
          Va trepando por él, y en sus entrañas
          Hunden sus telas grises las arañas.
          Antes que te derribe, olmo del Duero,
          Con su hacha el leñador, y el carpintero
          Te convierta en melena de campana,
          Lanza de carro o yugo de carreta;
          Antes que rojo en el hogar, mañana
          Ardas, de alguna mísera caseta
          Al borde de un camino;
          Antes que te descuaje un torbellino
          Y tronche el soplo de las sierras blancas;
          Antes que el río hacia la mar te empuje,
          Por valles y barrancas,
          Olmo, quiero anotar en mi cartera
          La gracia de tu rama verdecida.
          Mi corazón espera
          También hacia la luz y hacia la vida,
          Otro milagro de la primavera.

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