miércoles, 19 de julio de 2017

Alba .  de FEDERICO GARCIA LORCA

Abril de 1915
(Granada)

Mi corazón oprimido
siente junto a la alborada
el dolor de sus amores
y el sueño de las distancias.
La luz de la aurora lleva
semillero de nostalgias
y la tristeza sin ojos
de la médula del alma.
La gran tumba de la noche
su negro velo levanta
para ocultar con el día
la inmensa cumbre estrellada.

¡Qué haré yo sobre estos campos
cogiendo nidos y ramas,
rodeado de la aurora
y llena de noche el alma!
¡Qué haré si tienes tus ojos
muertos a las luces claras
y no ha de sentir mi carne
el calor de tus miradas!

¿Por qué te perdí por siempre
en aquella tarde clara?
Hoy mi pecho está reseco
como una estrella apagada.


¿Qué es aquello que reluce?

-¿Qué es aquello que reluce
Por los altos corredores?
-Cierra la puerta, hijo mío;
Acaban de dar las once.
-En mis ojos, sin querer,
Relumbran cuatro faroles.
-Será que la gente aquella
Estará fregando el cobre.
Ajo de agónica plata
La luna menguante pone
Cabelleras amarillas
A las amarillas torres.
La noche llama temblando
Al cristal de los balcones,
Perseguida por los mil
Perros que no la conocen,
Y un olor de vino y ámbar
Viene de los corredores.
Brisas de caña mojada
Y rumor de viejas voces
Resonaban por el arco
Roto de la medianoche
Bueyes y rosas dormían.
Sólo por los corredores
Las cuatro luces clamaban
Con el furor de San Jorge.
Tristes mujeres del valle
Bajaban su sangre de hombre,
Tranquila de flor cortada
Y amarga de muslo joven.
Viejas mujeres del río
Lloraban al pie del monte
Un minuto intransitable
De cabelleras y nombres.
Fachadas de cal ponían
Cuadrada y blanca la noche.
Serafines y gitanos
Tocaban acordeones.
-Madre, cuando yo me muera,
Que se enteren los señores.
Pon telegramas azules
Que vayan del sur al norte.
Siete gritos, siete sangres,
Siete adormideras dobles
Quedaron opacas lunas
En los oscuros salones.
Lleno de manos cortadas
Y coronitas de flores,
El mar de los juramentos
Resonaba no sé dónde.
Y el cielo daba portazos
Al brusco rumor del bosque,
Mientras clamaban las luces
En los altos corredores.


Tú nunca entenderás lo que te quiero
Tú nunca entenderás lo que te quiero
Porque duermes en mí y estás dormido.
Yo te oculto llorando perseguido
Por una voz de penetrante acero.
Norma que agita igual carne y lucero
Traspasa ya mi pecho dolorido
Y las turbias palabras han mordido
Las alas de tu espíritu severo.
Grupo de gente salta en los jardines
Esperando tu cuerpo y mi agonía
En caballos de luz y verdes crines.
Pero sigue durmiendo, vida mía.
¡Oye, mi sangre rota en los violines!
¡Mira que nos acechan todavía!
     

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